fotografía: Gerardo García — para tangiblemode

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Las palabras…, ¿se dejan escuchar?

Frente a las palabras, el oído tiende a enfocarse en un limitado rango de procesos, casi todos ellos relacionados con eso que llamamos descodificar. Desde significados estándar hasta afectos más o menos subliminales registrados en tono e intensidad, la mayor parte del esfuerzo de atención se nos va en intentar ‘entender’ a esa voz que habla. Desde un punto de vista de escucha algo más amplio, se trata de un registro cognitivo más bien pobre. Por supuesto, las palabras habladas no son meros símbolos –como esas planicies visuales tecleadas en una pantalla o garabateadas en papel– sino cosas físicas, eventos en nuestro mundo tridimensional.

Hasta ahora se ha prestado más bien poca atención a la calidad y fidelidad del sonido de la voz hablada en contextos de difusión (broadcasting) o streaming digital online. Menos incluso, en situaciones de e-learning (aprendizaje electrónico) audio/visual, donde cualquier presencia audible juega en general un papel subordinado a lo visual y tiende, adiás, a doblegarse a producciones deficientes y horrendos índices de compresión de la información acústica original. La mayoría de los actuales reproductores web multimedia, más allá de ciertas mejoras y actualizaciones prácticamente rutinarias, siguen estando diseñados así por defecto. En consecuencia, la mínima-calidad-viable para este tipo de sonido, normalmente se considerará aceptable tan pronto como la voz hablada roza el grosero umbral de lo ‘inteligible’. De nuevo, lejos de un cierto arte de escuchar, todo se pone aquí al servicio de reconocer y descodificar.

listas de palabras

Hay todo un mundo -nada obvio– por escuchar y descubrir en las palabras habladas. Caras y ángulos que, por desatendidos, nosotros mismos convertimos en dimensiones ocultas.

Cualquier palabra dicha vive en las tres dimensiones del espacio que nos incluye: tiene localización, tamaño físico, anchura, proyección… En suma, mucho más allá de lo metafórico, las palabras, como cualquier objeto, son presencia, ocupan literalmente nuestro espacio y no sólo nuestro tiempo.

En la siguiente lista de palabras, ¿de dónde procede esa voz? ¿Conseguirías localizarla en un espacio tridimensional virtual* que envolviese a tu propio cuerpo?

(*Atención: utiliza tus auriculares habituales para recibir sonido 3D. No reproducir en altavoces. Ajusta a un volumen medio -nunca elevado- y selecciona como calidad de vídeo: HD-1080p)

con ojos cerrados…


 
 

…o con ojos abiertos

Monday or Tuesday | example | 105

 
 

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lluvias de palabras

Puestos a escuchar palabras en el espacio, cabe también empezar a percibir la voz como una especie de ‘música’, abriendo nuestro oído a toda una catarata de velocidades y ritmos que, en realidad, siempre han estado ahí.

Considera ahora una “lluvia de palabras”, una secuencia hecha de listas de palabras. Trata de concentrar tu atención en detalles como la distancia entre palabras consecutivas dentro de una misma lista, los ritmos cambiantes cada vez que una nueva lista comienza o el ligero solapamiento producido entre velocidades de habla diferentes.

Puedes escuchar con ojos abiertos o cerrados:

Monday or Tuesday | example | 116_107

 

En el ejemplo anterior, a lo largo de esas ráfagas sucesivas de palabras es posible sentir una cierta curva de relajación a medida que la ‘carga cognitiva’ decrece. Carga cognitiva puede definirse como el esfuerzo mental necesario para procesar (entender, digerir, incluso disfrutar) la totalidad de información audio/visual/verbal recibida en un determinado intervalo de tiempo. En cada caso, la relación entre la cantidad de palabras y la duración de la lista podría darnos algo parecido a una medida –muy básica– de la carga cognitiva soportada.

Desde el centro de la secuencia anterior en adelante, es posible comenzar a experimentar el significado de palabras individuales –de algún modo inconexas– mientras el sentido de pertenencia a una misma lista permanece. En la última de las listas, la distancia entre palabras se ha alargado tanto, que contamos ya con bastante “tiempo libre” –¿atención por ocupar?– entre palabras consecutivas. Ello podría disparar distintas impresiones fugaces: micro-pensamientos, asociaciones inmediatas o, quizás, un cierto sentido de vacío, nada en absoluto.

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significado, densidad, carga cognitiva

Lejos de su apariencia inconexa, cada lista de palabras mostrada introduce –algo veladamente, sí– una cierta unidad de sentido. También cabría concebirlas como puñados de ‘semillas’ a germinar o, en cualquier caso, pequeños artefactos lingüísticos en potencia… Por cierto, estas listas son ‘filtraciones’ de fragmentos procedentes de un importante clásico de la literatura en habla inglesa. Por el momento, tanto el título de la obra como su conocida autora no necesitan ser revelados.

En realidad, la teoría de la Carga Cognitiva (Cognitive Load Theory), creada hace ya varias décadas en psicología cognitiva y, desde entonces, perfeccionada para optimizar diseño de instrucciones, aprendizaje o, más recientemente, e-learning, esa teoría resulta más bien insuficiente para abarcar el tipo de percepción extendida, híbrida que querríamos impulsar mediante todos estos ejemplos.

Nos gustaría situarnos en algún punto intermedio entre significados concisos y, en el otro extremo, una apreciación más estética, ‘borrosa’ (fuzzy) y creativa del lenguaje. En suma, nos situaremos entre aprendizaje y disfrute estético.

Volvamos ahora a la escucha para dar un salto adelante. Comenzábamos esta introducción hablando de ‘descodificar’ el sentido de una palabra, comprender la voz de alguien… ¿Un único hablante a la vez? En realidad, desafiando un poco ciertos tabúes y normas básicas de convivencia, nuestros oídos y cerebro, bajo cierto entrenamiento, están perfectamente dotados para procesar dos, tres o incluso más voces a un tiempo. En este caso, la estrategia cognitiva en juego cae mucho más cerca de la “polifonía musical” que de cualquier otra cosa.

Considera la siguiente secuencia y prepárate a dividir tu atención en mitades, tercios, cuartos, quintos o incluso sextos:

Monday or Tuesday | example | 102_602

 

Algo curioso sucede aquí. Parecería que, pese a cierta carga cognitiva ‘extra’ y nuestra atención partida en dos o más focos, el sentido emerge como una unidad más bien compacta. En este caso, no es difícil percibirlo. Todo sucede a través de seis “estados” consecutivos de un mismo significado. Es como si este significado fuese aumentando progresivamente su resolución, cada vez más pleno en detalles. Cada número de estado (#1, #2, #3, etc) se corresponde con la cantidad exacta de partículas que llegan a soldarse entre sí (los denominados n-grams) en pequeñas ‘ráfagas’ separadas por silencios dentro de una misma lista. El “Estado #1” se compone exclusivamente de palabras sueltas separadas por silencios. Una progresiva adición de partículas intermedias (artículos, preposiciones, nombres, verbos, adjetivos…) conduce a secuencias gramaticales plenamente formadas. El proceso tiene su culminación en “Estado #6”, donde una unidad de texto al completo (línea, párrafo, extracto) se manifiesta en estado completamente fluido.

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super-fluidez

Podríamos irnos incluso más allá, directos hacia lo que sería realmente un ‘nivel avanzado’ de todo esto. Llamémosle “estado superfluído”. Incrementando progresiva y paralelamente la densidad de palabras y la complejidad del texto, podemos intensificar el nivel de entrenamiento/estimulación, tanto en el nada obvio arte de escuchar, como en el arte de hablar en público o el arte de leer en voz alta. Un grado más de intensidad apuntaría ya hacia cierto arte de la memoria: el tipo de destreza propia de profesionales artísticos como los actores de teatro clásico.

Sumándose a todo lo anterior, desde un punto vista de puro disfrute del lenguaje o incluso ante el trabajo analítico de corte más académico, hablaríamos de un potente efecto de proximidad a las palabras. Algo difícil de experimentar de otros modos. En cualquier caso, como meros receptores de un texto, con este tipo de aproximaciones accedemos a una intimidad con la palabra bastante cercana a la que en algún momento, durante el trabajo, probablemente han experimentado sus propios creadores. Ello nos sitúa ante posibilidades de apreciación, de algún modo, inéditas.

Monday or Tuesday | example | 116_616

 

Hablantes, oyentes, lectores, estudiantes de idiomas, académicos, conferenciantes, lectores creativos, actores…, todos ellos, cada uno según sus necesidades, son perfectamente aptos para ‘cultivar’ textos –en el espacio y el tiempo, prácticamente dentro de sí mismos– a partir de la escucha de listas verbales esparcidas en un espacio virtual tridimensional.

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un punto de partida

Esta especie de paseo, salpicado de audio-3D y sencillos visuales/texto multipantalla, intenta llamar la atención sobre las palabras habladas, no como meros símbolos sino como objetos muy poderosos en el mundo físico y con potentes efectos cognitivos (atención, percepción, memoria, disfrute estético). Algunas de estas ideas se están convirtiendo en innovadoras herramientas de Realidad Aumentada aplicadas a todo tipo de contenidos educativos y artísticos.

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Publicado originalmente en medium.com: slowLiterature (Jul 2, 2017).

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